'Pon a tus palabras el sello del silencio, y al silencio el de la oportunidad.' - Solón.
El universo me llevó a donde fue necesario. Mi frecuencia vibraba, y yo
solo fluí, para aprender que no existió jamás una distancia que hiciera
imposible mí transito por ese camino.
Así lo emprendí, un paso tras otro, firme y animada, por momentos
insegura, pero fueron los menos. ¿Qué si creía en el destino?
Claramente, y aun hoy tengo el regodeo de considerar que fue el motivo
por el cual todo ha pasado.
Recorrí tanta distancia para vivir momentos comparables a una montaña
rusa, antes de partir me asaltó la ansiedad, la marcha comenzó con
anhelo de vivir momentos increíbles, el pico de la experiencia fue
intenso, cuando llegué al final estaba abarrotada de sensaciones
increíbles, y cuando puse los pies en la tierra lo único que deseaba era
que se volviera a repetir.
Caminé, inocente, en busca de otros fines… Materiales, de crecimiento
intelectual, de aprehensión, ¡Y no niego haberlos conseguido! Pero no
esperaba más, y considero que eso fue lo que le dio la terminación tan
dulce a esa esplendida experiencia.
Tanto amor percibí que no me alcanza el vocabulario para plasmar lo que
fluye en mi mente y en mi corazón, pero en mi cara sé que se nota el
alborozo que permanece latente, como la vida en una semilla, que ayer
fue sembrada y hoy anhela embelesada su momento de florecer.
Y vos caminaste grácil, expandiendo el ya amplio horizonte que mis ojos
son incapaces de advertir, con una circunspección inhabitual a tu edad.
Con unas pupilas en las que se lee el manifiesto de la sabiduría,
copiosa, pero unos ojos estrechos que delinean con mesura todo aquello
que tú interior mana.
Pero el destino para vos está obsoleto, todo fue por causa y efecto.
Así fue como prudente, apacible y generoso, tu camino tropezó con el
mío. Y con una ternura que hubiese dejado absorto al mismísimo Eros,
estos se fundieron fortuitos, dichosos de ser correspondidos. ¡Que causa
tan noble! Y que dichosa de tales efectos he de sentirme… Lucirá
inverosímil para quien la juzgue desde el exterior, y es que hasta a mí
hoy me cuesta entenderme merecedora de una ventura tan extraordinaria.
Y es que teóricamente, solo cruzamos... Saltamos sin miedo una barrera
que a simple vista, muere en lo tangible y su significado perece
irrelevante. Pero al traspasar ese obstáculo, nos encontramos con un
mundo donde nos sentimos desnudos, expuestos, ambos guiados por nuestra
propia ingenuidad, pero juntos. Un mundo donde nos permitimos compartir
cada segundo, donde el temor, el prejuicio, la duda, fueron sentimientos
tan mundanos que nuestras almas se olvidaron que existían. Así pasó
cada momento, que hoy se plasma en un recuerdo entrañable que quedó
guarecido en la sombra de la engañosa distancia que nos separa.
Hoy siento que en mis ojos llueve, pero es solo el reflejo de los
golpecitos en mi ventana, que suenan tan melancólicos como cada suspiro
cuando pienso que me ahogaría en los mares de la tarde buscando el astro
que tanto supimos compartir. Pero siento celos al pensar que ese sol
que se inclina frente a mis ojos cálido y amistoso hoy, se despide de mí
y mañana se despierta junto a ti. No es tan bello ver un atardecer
desde aquí sin tu compañía, y me produce disgusto pensar que el cielo
merecer verte más que yo, pero que aun con dos mil kilómetros de
distancia, son los colores de ese arcoiris quienes me hacen sentir de
cierta forma cerca de tí.
“Decir lo que sientes no es más que leer en voz alta lo que el corazón escribe.”
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